Valores éticos frente al coronavirus

  • Los valores son primordiales para sobreponernos a los múltiples retos que nos presenta esta pandemia

Foto: Freepik

La pandemia de coronavirus, como fenómeno global que amenaza la vida humana y que ha que obligado al confinamiento y al aislamiento social, termina por poner de relieve lo que verdaderamente importa: las familias, el medio ambiente, el quehacer médico, entre otros.

«El miedo a la infección y los instintos básicos de supervivencia pueden alterar significativamente la percepción que tenemos del otro, que puede ser visto como un agente que genera desconfianza en términos de su potencial infección y posible diseminación del virus», explica Ricardo Luque, asesor del Ministerio de Salud.

La crisis actual nos está sucediendo a todos como especie, y que las estrategias de supervivencia necesariamente pasan por comprender que el apoyo y el cuidado mutuo son esenciales. Por lo tanto, si deseamos sobreponernos a los múltiples retos que para la salud pública, para la economía y para el bienestar individual y comunitario, implica la pandemia, es clave realizar una breve reflexión ética sobre algunos valores cívicos primordiales.

-Solidaridad: Se entiende como el deber de superar nuestros instintos más primitivos para adoptar una actitud empática y saber ponernos en el lugar de los demás. «La solidaridad implica fraternidad, empatía y comprensión, por lo mismo, es fácil ser solidario con las personas a quienes amamos, pero no es tan fácil serlo con los desconocidos. La solidaridad se da ante todo con los anónimos», dice Luque.

-Compasión: La fraternidad y al altruismo no deben quedar tan solo en palabras o buenas intenciones, exigen una práctica, una forma de actuación permanente que conlleve a la virtud de la compasión y el compromiso  hacia los otros. La bondad y el desprendimiento requieren un cultivo permanente y una actuación reiterada que, en crisis como las que nos afecta, contribuyan a superar la fase puramente instintiva y egoísta de la propia supervivencia.

-Reciprocidad: La reciprocidad exige una preocupación fraterna por el ser humano y su dignidad. La pandemia urge a repensarnos y a saber —como lo expresó en su momento Gandhi—, que «el cambio que deseamos ver en el mundo debemos realizarlo nosotros mismos».[1]

-Honestidad: Las noticias falsas en las redes sociales, el engaño, la desinformación o descalificación de los esfuerzos, así como los mensajes atemorizantes que afectan la salud mental o despiertan los instintos básicos de supervivencia, van en contravía de los esfuerzos preventivos.

-Respeto: El acatamiento a las indicaciones que dan las autoridades al igual que el diálogo, la confianza y el respeto necesarios en las relaciones de convivencia, son materia prima para mitigar la pandemia.

-Empatía: La empatía entendida como la capacidad de ponerse en la situación de quien actúa o piensa diferente, implica una actitud por la cual se reconoce que los derechos humanos son universales y mediante la cual me obligo al cumplimiento de unos deberes para con el otro.

-Responsabilidad: El negar el problema, realizar festejos ignorando las medidas de aislamiento o movilizarse entre municipios para tomar unos días de descanso, no reflejan una preocupación real por sí mismo o por el otro. Los escenarios de desdén por la norma, discriminación, especulación o injusticia pueden devolverse como bumerang atentando contra la propia vida.

-Autocuidado: La actitud compasiva inicia por el cuidado de sí, entendido como algo que va más allá del cuidado higiénico de tapabocas, jabones o desinfectantes.

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