El último adiós durante la pandemia

Por: Eriana Duarte Carreño

El covid-19 ha cambiado la normalidad en muchos aspectos de la vida, entre esos la manera de despedir a un ser querido cuando este fallece. En Valledupar, hasta el día de hoy, hay aproximadamente 228 familias que han perdido a alguien por causa del virus, que han tenido que enfrentarse a decir el último adiós sin ningún acto religioso o acompañamiento fúnebre.

El virus está en todas partes, pero nadie espera que alguno de su familia se vea afectado, y hasta a veces creemos que está tan lejos que es imposible que llegue a nuestros hogares, pero la realidad es otra.

Es difícil cuando vives en otra ciudad y recibes una llamada para decirte que tu papá tiene covid y está en UCI, en ese momento en lo único que piensas, como hijo, es en hacer hasta lo imposible por ir a verlo; aún más si eres médico y conoces la gran afectación que tiene este virus en un ser humano.

Samuel Barros termina la llamada y trata de conseguir la solución, ya que no hay buses ni vuelos disponibles, hace unas cuantas llamadas y consigue que uno de sus amigos le preste un carro, prepara todo para el viaje, pide permiso en su trabajo, le pregunta a su hermana si lo acompañará y en la madrugada del día siguiente inician su viaje de 14 horas, de Bogotá a Valledupar.

Las restricciones que ha traído el covid-19, que son necesarias, complican la situación, ya que todos quieren ver a la persona que esta en UCI, porque el destino que pueda tener es incierto; quieren hablarle, darle fuerzas, orar, abrazarlo, decir un te amo, expresar lo que muchas veces callaron o hasta pedir perdón si es necesario. Pero en esta ocasión solo dejan entrar a uno, ese es Samuel.

Va caminando en busca del lugar donde tienen a su padre, obviamente con todos los implementos de bioseguridad necesarios, lo encuentra, ahí está, acostado en una camilla, en coma, pegado a una máquina, intubado, en una circunstancia en la que nadie quiere ver a su padre, pero ahí está, luchando por su vida y queriéndose quedar con su familia. Samuel entra un poco tembloroso, pero aun así recoge fuerzas y toma la mano de su padre, empieza a hablarle, a decirle cuánto lo ama y lo agradecido que esta con él, mientras de sus ojos van saliendo lágrimas, él sabe que posiblemente sea la única vez que lo dejen entrar, así que trata de aprovechar cada segundo a su lado.

El médico encargado se le acerca y le dice que es tiempo de salir, Samuel revisa los exámenes y la radiografía que le han hecho a su padre, él es médico y al verlos sabe que las probabilidades de que su padre viva son pocas, de sus pulmones el 60% está comprometido.

Cuando sale sus familiares le preguntan cómo vio a su padre, pero como quitarles la esperanza revelándoles que según la ciencia lo más probable era recibir una mala noticia, por lo que prefirió decirles que estaba delicado y que lo único que quedaba era confiar en que podría salir de esto.

Han pasado 3 días y el señor Joaquín sigue dando la guerra, mientras toda su familia se une esperando que algo bueno pase, esperando un milagro, esperando una llamada que diga que ya está evolucionando bien.

31 de agosto de 2020, día soleado y fresco, 10:30 de la mañana, está Samuel sentado con su hermana en el comedor de 6 puestos de su casa,  él tiene el celular en la mano cuando llega un mensaje en Whatsapp del grupo de hermanos, “Papá ha muerto” dice, al leerlo mentalmente su reacción de sorpresa y shock hace que su hermana agarre el celular y sepa lo que esta pasando, empieza a llorar desconsolada y se va para el cuarto, estando allá empieza a írsele la respiración, Samuel logra tranquilizarla y justo suena el timbre de la casa.

La madre de Samuel y esposa del señor Joaquín acaba de llegar de hacer el mercado, este es el momento más difícil, él tendrá que darle la noticia, su madre parquea el carro y antes de que entre a la casa le dice, la mujer se sienta en el carro de nuevo, y sus lágrimas de dolor empiezan a salir rápidamente, él la lleva adentro, la sienta en una mecedora de madera y le pide a su hermana que le ayude con ella.

El celular no para de sonar desde que intentaba entrar a su madre a casa, Samuel contesta el celular, es su hermana mayor, le dice que se aliste porque deben hacer todo el papeleo en el hospital y en la funeraria.

Llegan al hospital, diligencian los documentos correspondientes y se dirigen a la funeraria, estando allá se enteran de que no pueden hacer misa, ni velación y que al cementerio solo pueden ir 2 personas de la familia, estas restricciones han sido puestas por el Gobierno para evitar aglomeraciones.

De todo lo que ha traído la pandemia, esto ha sido una de las cosas más difíciles de asumir, el hecho de no poder ver a un ser querido antes de ser sepultado, el hecho de no darle un adiós como el que la gran mayoría de personas esta acostumbrada.  Pero solamente aquel que lo ha vivido, o lo está viviendo puede decir lo que se siente.

1 de septiembre de 2020, día del entierro, toda la mañana y parte de la tarde los hijos del señor Joaquín ultimaron los detalles para el entierro, a las 3 de la tarde salió el ataúd del hospital, lo montaron en el carro fúnebre y emprendieron el trayecto hasta el cementerio, mientras una caravana de autos iba detrás del carro donde llevaban el cajón, estos eran los amigos y conocidos que querían acompañar a la familia en su dolor, las personas iban soltando globos blancos con helio en el camino.

En el cementerio los hombres de la funeraria bajaron el ataúd y se dirigieron al lugar correspondiente, mientras que los encargados del cementerio le preguntaban a la familia del fallecido cuáles eran las dos personas que iban a ir, del carro salieron la hermana mayor de Samuel y él, ellos habían acordado hacer una videollamada con sus familiares para que estuvieran “presentes”, activaron los celulares y cada uno de los miembros de la familia comenzó a conectarse, los sepultureros empezaron a bajar el cajón que tenía un listón blanco con letras doradas que decía su nombre completo, y las coronas de flores que le habían regalado, se escuchaba el fuerte llanto de los presentes y de los de la llamada, un ambiente de dolor y mucha tristeza por la partida de un hombre invaluable.

Samuel tomó una pala, levantó arena y la tiro al hueco, esto lo hizo varias veces, mientras observaba como poco a poco se dejaba de ver el nombre de su padre y este quedaba debajo de la arena; en medio de esto lloraba, se desahogaba susurrando y recordaba cada momento vivido con su padre.

Ya habiendo tapado el hueco, los hijos lanzaron unos globos blancos al cielo, representando que su padre ahora estaba en un lugar mejor, a los pocos minutos el cielo se tornó oscuro y empezó a llover fuertemente, Samuel sintió que esa era la manera como Dios le mostraba que había recibido a su padre con lazos de amor.

Esta es la nueva forma como la pandemia permite dar el último adiós, solo dos presentes y los demás, si tienen los recursos, conectados por medio de una videollamada.

Un adiós frío y sin compañía.

 

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *