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A Hugues Martínez, el parrandero de la guitarra sentida, lo traicionó el corazón

  • En un sencillo, pero significativo acto, La Fundación Festival de la Leyenda Vallenata exaltó la vida y obra del maestro que hizo una gran contribución al folclor vallenato.

Por Juan Rincón Vanegas
@juanrinconv

La película del destino se proyectó en la casa de Hugues Manuel Martínez Sarmiento, el hombre parrandero que sin aparecer en un nuevo papel protagónico teniendo como compañera su guitarra sentida, tal como lo describió el compositor Gustavo Gutiérrez, de repente se le apagó la luz de su vida.

Todo pasó de manera inesperada porque tenía algunos planes para ese día, pero no esperaba que lo traicionara el corazón, ese corazón noble, bueno y que contara con el virtuosismo de irrigar amor por todos los puntos cardinales de la geografía vallenata.

Él, tuvo la virtud de regalarle las máximas alegrías a su corazón, al que por muchos años le hizo escuchar en primera fila las notas de su guitarra y mandarle esos bellos recados cuando el amor tocaba a su puerta o la felicidad se esparcía por todo su ser…

En el cuarto de la casa quedó sin oficio la querida guitarra que no tendrá nunca más los dedos de su dueño acariciándola para hacerla regalar melodías a las que se le añadían letras para que la obra se cantara con todo el sentimiento.

Allí quedará por siempre como testimonio del ciudadano del folclor que supo hacerla sonreír y hasta llorar en medio de noches y madrugadas que se prolongaban en el tiempo.

En ese recorrido por la historia del guitarrista aparece Katia María Montero Castro, le mujer que le cautivó su corazón y que supo cumplir con su misión de amor.

Ella, con su cara triste y sus ojos verdes desde donde brotaron varias lágrimas, tiene tantos recuerdos acumulados en su memoria que no sabía por dónde comenzar.

Al fin se decide y cuenta divisando a lo lejos ese momento que marcó su vida para siempre. “A Hugues lo conocí en una parranda en el año 1962. También cuando llegaba a la casa de mi madre Carmen Montero, con sus amigos Gustavo Gutiérrez, Efraín ‘El Quinqui’ Molina y Carlos Espeleta. Al cabo del tiempo en una fiesta bailamos y nos ennoviamos. Era un noviazgo sano y escondido porque yo estaba estudiando en el colegio de las monjas”.

De un momento a otro vino la ruptura y él se unió a María Acosta, llegando a su vida sus primeros hijos Hugues Rafael, Leonardo Fabio, Isabel Cristina y José Darío, ‘Chabuco’.

Hugues nunca olvidó a Katia, y en 1973 le pidió insistentemente que volvieran para rescatar esa bella historia enmarcada en notas de guitarra. Ella consultó a su corazón y aceptó compartir su vida con él, hasta sus últimos días. Enseguida se paseó por esos momentos felices donde llegaron a su hogar sus tres hijos: Carmen Elvira, Rosalinda y Hugues Manuel.

“Los hijos es la más grande bendición de Dios. Con Hugues hubo comprensión y todo salía bien. Fueron más los momentos agradables que tristes. Fue un hombre bueno, noble, cumplidor de sus responsabilidades y que aportó mucho al folclor vallenato por más de 50 años”.

Regresando los recuerdos meses atrás, cuenta que una de las últimas parrandas del célebre guitarrista fue el pasado 20 de junio en su cumpleaños número 85, donde estuvo rodeado de sus hijos, familiares y amigos. “Ese día tocó muchas canciones y repitió ‘Amémonos’, La flor de la canela’, ‘Rumores de viejas voces’ y ‘Confidencia’, las que más le gustaban”. Se pintó ese momento y volvió a llorar. Había que dejarla en ese trance donde la magia del sentimiento refrescaba su memoria en tiempos de tristeza.

Exaltación al maestro

Acto seguido con una nota de estilo entregada a su familia, en cabeza de Katia Montero, la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata exaltó la vida y obra del maestro Hugues Manuel Martínez Sarmiento.

“Que su gesta musical partiendo desde su tierra Atánquez, Cesar, es grandiosa y su accionar digno de ejemplo para todos los que conocimos sus atributos para tocar su guitarra tan sentida, como lo cantó Gustavo Gutiérrez, y de amar la esencia pura del auténtico raizal. Además, fue importante su protagonismo en la música a través de importantes grupos musicales comenzando por el trío ‘Malanga’ que conformó con Efraín ‘El ‘Quinqui’ Molina y Raúl Moncaleano, y ser parte de la agrupación de Tomás Alfonso ‘Poncho’ Zuleta por más de 35 años; artífice de la creación del departamento del Cesar a través de su aporte musical, lo cual le permiten ser incluido en el libro grande del folclor vallenato”.

Parrandas inolvidables…

El protagonista de ‘Parrandas inolvidables’, donde desfilaban cantos, anécdotas e historias de amores juveniles, dejó una huella inmensa, tal como lo declaró su compadre y amigo Poncho Zuleta. “Hugues, tenía una riqueza musical inconmensurable e inolvidable. Un hombre con grandeza moral y espiritual. Todo un caballero que se quedó prendido en mi corazón”.

Esas parrandas inolvidables por muchos años tuvieron asiento en la casa del legendario guitarrista, ubicada al frente del parque Novalito. Hasta allí llegaba ‘El Flaco de Oro’, Gustavo Gutiérrez Cabello, a entonar sus viejas y nuevas canciones que no lo dejaban separarse de las cosas más hermosas ligadas a su vida, como estar enamorado y escuchar la guitarra sentida de Hugues Martínez. Ese mismo que a pocos pasos lo acompañaba a exponer el corazón en canto a la mujer que en aquel momento lo amaba en silencio.

Nunca se pensó que el maestro de la guitarra sentida no pudiera seguir contando la historia del Festival de la Leyenda Vallenata, donde en 12 ocasiones ofició como jurado en los concursos de acordeón profesional y canción vallenata inédita. Incluso, estuvo como jurado en el primer concurso Rey de Reyes en 1987, donde ganó Nicolás Elías ‘Colacho’ Mendoza Daza.

El hombre que siempre tuvo entre sus brazos a su fiel guitarra de bello cuerpo de madera, no se cansó de buscar en cada cuerda la nota perfecta para alegrarles los oídos a todos.

Hugues Manuel Martínez Sarmiento, murió lleno de paz y solamente se escuchó una nota de dolor sostenida, en el preciso momento en que cerró sus ojos para iniciar su camino a la eternidad…Y entonces Gustavo Gutiérrez con el corazón compungido, volvió a interpretar aquella célebre canción al amigo parrandero que llenó de alegría al viejo Valledupar.

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