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La Sombra del Cañaguate. Por Alberto Muñoz Peñaloza | Evaristo, Seve Y Evo

Por Alberto Muñoz Peñaloza

Evaristo, Seve Y Evo

Aquella mañana primaveral, a pocos días del Festival Vallenato, Lubin Fredy Barranco, mencionó el tema. Algo había escuchado, en la décima con trece de entonces, una tarde en que Sonia, le dio su merecido a una de la 11 que se atrevió a decirle que Jesualdo su hermano, “Pelongo”’ no sabía bailar. Entonces, en medio de la tremolina, habló por primera vez del origen internacional, bolivariano e histórico de su apellido.

Lubin por su parte, mientras se alistaba para esperar la hora del almuerzo y dar cuenta de ‘un medio’ mondongo, en La Fogata, nos contó lo que había descubierto, el viejo Evaristo y Poncho, tenían familiares en Bolivia. Pareció traído de los cabellos, por lo cual Clemente cambió la conversación, aunque explicó que la queridísima Franca, tenía un bailaito, cuando estaba contenta, que no era vallenato, ni cumbia, ni mucho menos mapalé.

Años después, mientras Seve estudiaba en la universidad del Atlántico y laboraba en Corelca, cada viernes sobre las 9 pm nos encontrábamos en El Esporting, bar en el cual, su compañero de labores, Dick Tracy, se pavoneaba por su calidad rítmica y anunciaba que permanecería hasta cuando cerraran. Luego se iba al Paseo Bolivar, muchas veces lo acompañamos, tomaba un bus rumbo a Baranoa. Cuando se pasaba de frías, caía profundo y en más de una ocasión despertó en Cartagena, en Sincelejo y alguna vez en Montería.

En una de esas faenas, mi amigo Seve, se puso sentimental, sacó un casete con temas de la banda Picapiedra, en la cual su padre, el queridísimo viejo Evaristo era trompetista, y su tío Poncho, tocaba el bombo, los platillos, cantaba y era un bailarín de postín. Escuchamos “el viento” vocalizado por Armando Gutierrez Moscote: yo me enamoré del viento, del viento me enamoré, como el viento era muy viento, en el viento me quedé”, el muñeco y un par de porros más. –“Un día de estos, que estemos en el valle, vas a la casa pa’ que mi Papá te hable de los familiares que tenemos en el sur del continente. Allá poco se habla de eso por el problema de la coca, entonces evitamos. Es más, a mi Papá le pusieron Evaristo, y a mí también, de chiripazo porque Evo era que le tenían que poner, pero mejor así”. Poca atención presté pues me pareció que todo era producto de la emoción sebadistica.

Muchos años después, el silencio cubrió aquellos episodios, pero en otra ocasión, gracias a un encuentro casual, Seve me mostró un frasquillo con un líquido amarillento, hojillas en verde delineado degradándose al color de hojas secas, con olor penetrante e infusión de otras hojas y semillas, incluidas de anís, astillinas de canela y algo de ruibarbo. “Esto me llegó de Potosí, en Bolivia, Beto. Es la maravilla, con solo oler se pasa cualquier marimondina por arremolinadora que parezca. en caso de daño, tomar tres gotas, es mejor sellante que el enterovioformo o el lomotil. Esto me lo manda el señor Rifado, es un familiar del primo Evo. No es por nada viejo Beto, pero Evo ha resultado mejor que todos los presidentes latinoamericanos, estamos contentos con eso. Todo, por los Morales, raza hidalga, recia y laboriosa. En diciembre vamos con Nancy y los pelaos, para que se familiaricen con los rituales Moralinos, el acullicu por ejemplo. También es bueno que le peguen una sabroseada al mate de coca”.

Desde que se presentaron las refriegas en Bolivia, luego la renuncia y salida del país, del presidente Evo Morales, reviven esos visajes relacionados con el apellido Morales. He buscado a Seve para darle mi abrazo solidario, convencido de que su viaje a Bolivia se aplaza, o a lo mejor cuando se estabilice la situación harán el viajecito. Hay que tener presente que el señor Rifado Morales, sigue en Potosí. Nada que lo encuentro, pero supe que Sonia dice ahora que la información inicial fue errada, “nuestro apellido tiene lustre, Beto los Morales nuestros, provenimos de la madre patria, de España, gracias a Dios, mi primo Juanca Morales, se encuentra en Málaga, y tiene la investigación casi lista. Se ha malogrado un poco por los resultados nefastos de Millonarios, “tu sabei’ que Juan Carlos con su Millonarios no quiere fiesta, y el esguarrule ha sido total. Si Calilla Restrepo estuviera vivo el requiebro sería global”.

Terminé preguntándole a Sonia, qué hay de cierto en el decir de Seve, respecto de haberles ‘puesto’, a él y a su papá, Evaristo como homenaje a sus ancestros bolivianos, que estuvieron a punto de llamarlo Evo. Tragó en seco, respiró hondo, medio tosió y respondió sin cretinez ni angustia: -puro cuento Beto, a Evaristo el viejo le pusieron así por su tía Evarista, a Seve, por el señor Evaristo Gutiérrez, el papá de Gustavo Gutiérrez, de José Tobias y de Olguita, porque él se disfrazaba de carbonero, en los carnavales, con Oscarito Pupo. Y lo de Evo, si fue verdad, pero no por ningún boliviano sino porque cuando él nació ya venía el hotel Evita, de la señora Eva Guevara, que quedaba en la carrera sexta con calle 14, en toda la esquina de la carrera octava con calle dieciocho, de hoy día. Diagonal a la señora Pepa Baquero, al frente de la quesera de Simón Perales”. ¡Te acordai

 

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